
Ya habíamos sembrado. Ese año me tocó hacerlo en el cerco de los “mezquitillos”, y trabajaba para el Dr. Díaz Angulo, con su administrador, don Cornelio Herrera, hombre alto y de color muy oscuro que denotaba la sangre afroamericana, era además de muy buen carácter y amable con los trabajadores…Andaban, formando el equipo, Chachón- hijo de don Cornelio y muy parecido a él-, el compa Fausto - el mas viejo de la bola y de pura raza Cahíta-, indio rotundo que se aferraba a sus costumbres y no lo conseguías que montara una de las bestias de tiro que traíamos, Serafín Galaviz ,era el otro de los trabajadores que nos acompañaba en las labores de cultivo y limpieza del pasto que nacía entre la milpa y el ajonjolí-zacate güilanchi, gogónico, salado, bledo y güichapores-…Salíamos aún oscuro hacia el cerco, por todo el camino real que comunica las Higueras con el Palo de Asta , entrabamos a los mezquitios y en la tabla de la cañada a la vera del gran arroyo estábamos trabajando , llevábamos nuestro lonche que consistía en sopas de tortilla con huevo, muchas tortillas , una botella de café negro y a veces algún pedazo de queso o asadera de apoyo, los que ya disponían de su dinerito agregaban una pepsicola a la vitualla…Compa Fausto era mucho mas parco , frugal y escueto en su abastecimiento, pues su café era negro y sin azúcar, las sopas carecían de huevo solo era tortilla revolcada en manteca de cochino y a veces se permitía algunos pedazos de tomate, eso si , compa Fausto era un “chonte” pa comer chiles chipiltines, y cuando se encontraba una mata de estos la limpiaba, en esos menesteres se le quitaba lo calmado e introvertido , pues hasta parecía que lo oíamos cantar mientras pepenaba a dos manos cuanto chile se encontraba, estas matas abundaban a la vera del arroyo, parecía panino de matas.
El arroyón , bajaba de los cercanos cerros que se perfilan hacia el norte de las tierras donde andábamos , bajaba alimentándose de afluentes múltiples , que engrandecían su cause hasta hacer un pequeño rio , que en tiempo de lluvias intensas era sumamente caudaloso .Su cauce no se secaba nunca siempre había corriendo abundante y cristalina agua que saltaba entre las piedras murmurando alegremente, era visitado por la fauna existente en la región , por las mañanas y tardecitas las palomas ala blanca doblaban las ramas de los arboles de donde descendían a beber el preciado líquido. Venados, jabalíes, zorros y en varias ocasiones se encontraron huellas del león americano, que más de una vez pegó sustos a los habitantes de las Higueras que bajaban al arroyo cuando el rey calmaba su sed…Nosotros también usábamos el agua del arroyo para beber , pero lo hacíamos de unos pozos cavados ex profeso en la húmeda arena y un poco alejado de la corriente contaminada por excremento de tanto animal, cuando trabajábamos en esa cañada , se nos terminaba el agua de nuestros bules y nomás caminábamos un poco, bajábamos al arroyo y nos surtíamos del preciado líquido …Al entrar al arroyo , entrabas a otro mundo , estaba bordeado por vegetación alta y profusa que se juntaba en lo alto las de ambas riveras formando un domo que evitaba entrara el sol, inmediatamente se sentía el calor y la humedad como si en un sauna estuvieras , el silencio del lugar solo se rompía por el agua al correr o caer en pequeñas cascaditas , alguna cigarra desperdigada o el canto de una “coa”.
Se llegó la hora de la comida, cada quien sacó de su morral sus bastimentos, hicimos una rueda y al centro pusimos los alimentos para que pudiéramos agarrar del que quisiéramos ,comíamos y platicábamos …El tema era el grito espantoso que se dio una noche en las Higueras y que se aseguraba fue el diablo , el miedo le daba un amargoso sabor a la comida…Compa Fausto entró a la plática y con apenas un mormullo , nos dice que el grito se originó en esta parte del arroyo , la mas oscura y cerrada y que estaba enfrente de nosotros, se cambió de tema , terminamos de comer y a tomar agua ,como la mañana estuvo movida por la chamba y el calor era de mas de 40 grados en la sombra , el agua se nos fue como ídem , nos dimos cuenta que los bules se secaron y me mandan a mi-por ser el mas chico- a llenarlos en el arroyo que estaba como a 50 metros de nosotros…Caminé por la cabecera de la siembra agarré la guardarraya y llegué a la orilla del arroyo , rodee unas ramas de güinolo a la que le colgaban dos bitacheras de los alazanes , bajé por un barranquito que a la vez era la vereda para llegar al arroyo cuando mas tranquilo iba, el silencio se partió intempestivamente por un grito desgarrador que se encajonó en el túnel de los arboles y resonó como trueno de tormenta, sentí que no era yo el que oía eso , sentí que soñaba , no era posible el grito del que tanto hablábamos en las platicas de espantos , el grito del diablo en frente de mi , mi pulso se aceleró y quise gritar pero sentí que no lo lograría , estaba empanicado ,realmente viviendo una pesadilla, no se que hubiera hecho –correr , perder el sentido no se que- si no aparece frente a mi un plebe corriendo y repitiendo el grito que en ese momento hasta vi que salía de su boca , estaba llenando también un bule en el arroyo y lo arrebataron a piquetes unos jicotes-abejas gordas y bravas que están enterradas –le picaron como 10 y esa fue la causa de sus gritos …Las malditas casualidades ,yo que iba motivado por el espanto , me acuerdo y no me da risa sino siento el calosfrío que sentí ese día.
1 comentario:
es un gusto leer estos recuerdos suyos, los cuenta muy sabroso.
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